Conspiración. Sus motivos

El poder se basa en emociones

Una persona poderosa genera con sus actos en la víctima o subordinado una emoción que le haga hacer o dejar de hacer lo que se le pide. Eso es ser sugestionado, casi como ser hipnotizado. Con las emociones malas o negativas (miedo, odio, culpa, violencia, vergüenza…) logran dividir a la gente (divide y vencerás). Imponer sufrimiento en la población les asegura que existen tales emociones, ya que de otro modo, la víctima podría estar actuando por decisión propia y no impulsada por los mecanismos y voluntades del que ostenta el poder. Por tanto, las emociones buenas o positivas, como son las distintas clases de amor (inclusivo, expansivo, cariñoso, comprensivo, tolerante, compasivo…), son las que, la clase dirigente o Élite, procurarán eliminar. Las normas y reglas, que deberían servir para coordinar y ordenar una mejor, más justa y equitativa convivencia entre todos, a menudo acaban sirviendo para dividir y separar a las personas, provocando sufrimiento. Para ello, infestan de dirigentes mediocres a gobiernos y empresas, donde prolifera la descoordinación, caos y corrupción; potencian la violencia en medios de comunicación; provocan conflictos entre vecinos que conduzcan a guerras; desinforman a través de los medios de comunicación para manipular y confundir; especializan en grado sumo la cadena de producción humana para estupidecer; desestructuran, embrutecen y disminuyen el nivel de estudios para eliminar la calidad de discernimiento, empobreciendo de ese modo la creatividad; desequilibran y corrompen la conciencia a temprana edad mediante videojuegos y films de insana violencia gratuita y contaminan el organismo humano con aditivos en comida, agua y aire para inutilizar los conductores energéticos que nos conectan a nuestros chakras y de este modo, mantenernos dormidos a pesar de toda la evidencia que nos rodea. Así pues, se pretende distraer y desinformar de la realidad y lo valioso, dando importancia a lo banal y a lo trivial. El mundo no deja de quejarse ante todas estas evidencias, mostrándose ofendidos con la clase dirigente, aunque pocos reaccionan o toman alguna medida propia o grupal, mostrándonos tan sumisos como así nos han programado. Actuamos como si por hipnosis nos paralizaran el cuerpo y es que, ASÍ ES.

La historia es “una historia”

La historia es “la realidad contada” o “historia oficial”, no “la realidad” o “historia real”, que diverge en mucho de lo que realmente aconteció. La historia la escriben los vencedores y estos suelen haber vencido con la violencia, el miedo y la represión. Suelen sorprender al mundo, determinados descubrimientos arqueológicos sobre civilizaciones de las que, sus sucesores, nos habían dejado una imagen muy distinta. La civilización Etrusca, que controlaba el Mediterráneo occidental gracias a su tecnología naval y militar, fue mucho mas importante que la romana, aunque fue silenciada por esta última cuando tomó su relevo después de más de 700 años de historia. Sumeria y mucho antes Atlantis y Lemuria fueron fácilmente olvidadas, otorgando mayor notoriedad a Egipto, aunque esta última, no fuera tan avanzada tecnológicamente como las anteriores, de un nivel de conocimientos muy superiores a los que gozamos en la actualidad y por supuesto, muy distintos a los que siguen intentando inculcar al gran público a pesar de la claridad de las evidencias que asoman a doquier. Quién controla el pasado, controla el futuro, así como quién controla el presente, controla el pasado. Nadie es dueño de la verdad, la única verdad es la realidad. Por tanto, debemos avanzar procurando hacerlo con un discernimiento claro, intentando usar la razón sin apoyarnos exclusivamente en un sentido común auspiciado por una historia adulterada a conveniencia de unos pocos. Pocos que, a menudo, pretenden crear conflictos alegando derechos históricos de gentes pretéritas que para nada conocimos ni se ajustan a nuestro presente, el cual debemos edificar desde el ahora y no desde el ayer.

En tiempos de guerra, la palabra patriotismo significa supresión de la verdad, lo cual facilita el provocar una guerra a favor del patriotismo si se desea suprimir la verdad.

Teorías conspiranoicas

Hay personas que se enorgullecen de no creer en teorías conspirativas o conspiranoicas, tal y como las llaman socarrona o despectivamente, como si eso fuera un acto de sensatez o inteligencia. Desde el otro lado de ese umbral de incredulidad se contempla la ingenuidad de quien la pereza y soberbia le impiden dedicar un mínimo de tiempo a investigar por sí mismo los datos que tanto critica. La ignorancia no te protege del peligro, sino más bien la información. Es reveladora la relación existente entre las palabras ignorar (hacer caso omiso) e ignorancia (desconocimiento), donde se conecta y equipara una actitud negligente con una aptitud insuficiente. La mejor manera de negar algo es evitar conocerlo, adoptando una obtusa intransigencia en base a su desconocimiento y permitiéndose opinar sobre una indiscutible y férrea ignorancia. La mayor virtud de algunos consiste en desconocer absolutamente todo aquello que tanto critican o defienden.

Acorazarse con la negación

Creer a priori es de Crédulos, Negar a priori es de Necios e investigar es de Sabios.

En referencia a la “ciencia”, nos han enseñado que ante lo que no puede verse, palparse o medirse, hay que mostrarse escéptico, demostrándose así inteligente, igual que poseer un deportivo es señal de éxito y estar con una pareja atractiva señala magnetismo. Lo contrario suele considerarse como debilidad de pensamiento y se les trata de crédulos, ingenuos, supersticiosos y ausentes de la realidad, pues nos han enseñado que somos lo que tenemos y a tener la necesidad de demostrar lo que valemos a través de lo que aparentamos. El “modus operandi” de los incrédulos es negar, sin dedicar jamás el más mínimo esfuerzo a constatar la base argumental de lo que expone la otra parte, siendo la fórmula sobre la que se sustenta esa incredulidad o necedad. En su club de ignorantes, llaman inteligencia a mantener esa ostentosa venda en los ojos.

Calificar y descalificar

Las mentes perezosas creen que conocer la fuente es más importante que conocer la información. Cuando conocen la fuente, por inverosímil que ésta parezca, dejan de cuestionarse la información que les brinda. La fuente se erige como el “calificador”, el que pone las “etiquetas” de lo que es verdadero o falso y por tanto, quien controla la información de lo que el rebaño o los “robots” deben o no conocer. Obedecer y acatar las órdenes de la fuente que califica implica asentarse en la parcialidad, en apartarse de otras posibles alternativas, al igual que hacen las sectas al apartar a sus víctimas de familiares y amigos. Las descalificaciones o etiquetas de las que se vale la fuente son: no es serio; no le escuchen ni lean para no ser manipulados; no pierdan tiempo con esa basura; es ignorante; no tiene estudios; improvisa; está loco; cree en ovnis o en fantasmas; busca fama o fortuna; es deshonesto; es timador, charlatán y un fraude; es depravado; tiene dobles intenciones; es agitador, blasfemo o satánico. Cualquier desprestigio resulta suficiente para apartar la atención una vez se ha introducido mínimamente una pequeña cuña en la mente del incauto y para el resto, sólo se necesita desgaste por combinación de etiquetas y repetición del mensaje. Al escuchar una sola campaña, resulta muy fácil dominar a los robots.

Entregar a otros nuestro poder

Un perro pastor, inducido por su amo, acorrala y guía por donde quiere al aterrado y sumiso rebaño. El rebaño no se cuestiona las razones ni las ordenes, simplemente obedece sin pensar ni cuestionar las órdenes de la autoridad. Si se las conduce al acantilado, las ovejas una por una, se irán precipitando con una expresión de sorpresa y estupor en sus rostros. Resulta esclarecedor ver cómo en la religión se denomina Pastor a la autoridad y Rebaño a los feligreses, algo que ejemplifica perfectamente la obediencia ciega sin cuestionar las órdenes de quien se proclama superior por un lado y humilde sirviente por otro, algo que bien podría ser propio de una dicotomía bipolar.

En el ejército ocurre algo similar. Los mandos superiores exigen obediencia ciega a sus subordinados, inculcándoles descaradamente que no deben pensar, sólo acatar las órdenes como simples autómatas. Se mire por donde se mire, una auténtica vejación al espíritu de nuestra especie.

Tendencia a clasificar

No somos fuerza de trabajo o componentes de una raza. No somos blancos, negros, caucásicos o asiáticos. No somos altos, bajos, feos, delgados o rubios. No somos bomberos, pilotos, granjeros o ingenieros. No somos árabes, ateos, republicanos, de nuestro sexo o de nuestra preferencia sexual. El modo que tiene el ser humano de agrupar conceptos es prodigioso. Todos somos aspectos únicos de conciencia en evolución. No somos ni tan sólo nuestros pensamientos, sino el silencio que hay entre ellos, ya que lo usamos para crear esos pensamientos.

Conclusión

– Las conspiraciones están detrás de los grandes hechos históricos, ya que de otro modo, una sola persona no hubiera podido jamás realizarlo.

– Debemos evitar que nos dividan mediante el uso de los malos sentimientos. La unidad, la cooperación, la tolerancia y la armonía sólo se logran edificando sobre buenos sentimientos, erigiéndose en el amor.

– Pensemos, eliminemos lo que expresa la frase “Pienso, luego ESTORBO”.

– Si respetamos el derecho de todos a la libertad, dejamos de ser parte integrante de la fuerza policial de los otros esclavos, es decir, del resto del rebaño.

– Seamos realistas, pidamos lo imposible, porque la fantasía, a menudo está más cerca de la verdad que la propia realidad.

Fuente: http://www.grupodigit.com/

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