Israel gaseó al pueblo sirio

 

Israel, un Estado estructuralmente criminal y de extrema derecha, ha gaseado al pueblo sirio.

El verdadero responsable del crimen de Damasco tiene un nombre: Benjamin Netanyahu. Su cómplice, Barack Obama, el “mestizo universal”, es sólo un testaferro de Sión que obedecerá al lobby -la secta- como un muñeco sin atender a razones, pruebas o fundamentos de ningún tipo.

Israel fue el principal beneficiario del atentado del 11-S a las Torres Gemelas. Gracias al espectacular efecto mediático y propagandístico de las imágenes, la política de erección de la Eretz Israel pasó de la fase sionista a la propiamente
mesiánica.

Todos y cada uno de los acontecimientos acaecidos desde entonces en Oriente Medio apuntan en la misma dirección. No se trata jamás de debilitar al “integrismo islámico”, como preténdese con el falaz discurso de la “guerra contra el terror”, sino más bien de neutralizar de antemano los posibles obstáculos de Tel Aviv en la realización de su proyecto racista y supremacista de dominación universal.

Y ese proyecto pasa necesariamente por la Eretz Israel del Éufrates al Nilo y con capital en Jerusalén.

Evidentemente, no pretendemos que agentes del Mossad estrellaran los aviones contra los simbólicos edificios neoyorkinos. Creemos que fue un grupo de mercenarios integristas oriundos de Arabia Saudí (quienes, por otro lado, seguramente ni siquiera sabían para quién trabajaban en realidad) el que ofendió el corazón infantil de las masas yanquees con oportuna destreza.

Se acusó a Osama bin Laden del crimen y posteriormente, ejecutado en una acción totalmente incompatible con cualquier noción democrática de justicia, desapareció su supuesto cadáver en condiciones de sospechosa alegalidad forense.

Las contradicciones en la versión oficial del atentado del 11-S son tan apabullantes que han dado lugar a una ingente literatura crítica. No vamos a entrar aquí en los detalles del asunto. Sin embargo, aquello que nadie discutirá es que el 11-S dio alas a una determinada política occidental que incluye la “agresión humanitaria” a naciones cuya relación con el 11-S o el integrismo islámico de Al-Qaeda es y ha sido siempre completamente nula.

Fue el caso del Iraq de Saddam Hussein, un régimen que molestaba únicamente a Israel, pero que nada había tenido que ver con los hechos del WTC. La excusa que se utilizó para la invasión fue la existencia de armas de destrucción masiva, información que a posteriori se ha demostrado bochornosamente falsa. Los aliados occidentales, hoy lo sabemos ya con total certeza,inventaron un casus belli que justificara actuaciones contrarias a la legalidad internacional y que formalmente constituyen un crimen contra la paz, tipificado por el Tribunal Militar Internacional de Nüremberg, con un mínimo de 100.000 víctimas civiles iraquíes.

Iraq, Libia, Siria e Irán

Gracias a las invasiones de Iraq y la previa ”liberación” de Afganistán, los aliados colocaron sus fuerzas militares a ambos lados, este y oeste, de las fronteras de Irán, el principal adversario de Israel en la zona. Posteriormente fue derrocado, gracias a una nueva intervención occidental, otro régimen nacionalista árabe, el de Gadaffi, y se ha podido comprobar que los integristas islámicos de Al-Qaeda han funcionado objetivamente en demasiados sitios como agentes provocadores y peones de esta política imperialista.

No es ningún secreto que la destrucción de Irán, Estado que niega la veracidad de la narración oficial del Holocausto y que, por ende, ridiculiza esta “religión cívica mundial” impuesta por ley bajo amenaza de encarcelamiento, explicaría coherentemente todas y cada una de las “jugadas” realizadas en los últimos años en el tablero geoestratégico internacional.

La política estadounidense está al servicio de Israel incluso a costa de los intereses de las multitudes americanas y el propio Estado yanquee. ¿Puede alguien poner en duda esta ya generalizada percepción de quienes conservan todavía (y sobre todo en la red) una actitud crítica?

Obama insiste en atacar Siria sin necesidad de aportar prueba alguna de la responsabilidad del régimen de Bashar el-Assad y con todos los indicios en contra. En consecuencia, la experiencia y el simple sentido común nos indican que estamos, más que probablemente, ante un fraude similar al de las armas de destrucción masiva iraquíes.

Las Torres Gemelas fueron atacadas para incendiar el ánimo de la opinión pública norteamericana, suspender el Estado de Derecho, apoyar con sangre y dinero de Washington la aventura mesiánica israelí y engrasar la maquinaria de negocios/poder de las industrias de guerra correspondientes, por no hablar de los intereses de la alta finanza, el lobby sionista, que se enriquece con el saqueo del planeta entero.

El caso sirio forma parte de idéntico escenario. ¿Podría ser de otra manera?

Israel acaba de gasear al pueblo sirio

La pregunta de quién es el responsable último del ataque químico a Damasco tiene la misma respuesta que la pregunta sobre el verdadero cerebro “X” del 11-S. La X = ultraderecha judía. No importa que las armas se las haya proporcionado Arabia Saudí a los perpetradores. El régimen integrista es un socio fiel de EEUU y en Washington es el lobby sionista el que decide la política exterior norteamericana. En otras palabras: resulta impensable que Arabia Saudí haya actuado aquí sin el consentimiento de Estados Unidos y, por lo tanto, del propio Estado de Israel.

Existe una responsabilidad directa de los “rebeldes” (¿?) de Al-Qaeda que han arrojado físicamente las armas químicas sobre civiles indefensos, pero existe también una responsabilidad política -y penal- de los verdaderos promotores del exterminio.

Israel ha gaseado al pueblo sirio. Estados Unidos pretende ahora, como siempre, emprender las correspondientes operaciones humanitarias de liquidación de una nación soberana (que ése es su verdadero crimen: resistir a la secta), las cuales precederán a la destrucción de Irán como país independiente.

Cuando hablamos de los EEUU siempre asistimos a la misma historia hollywoodiense, repetida multitud de veces con pequeñas variaciones en el guión. Hay que ganar primero la batalla de la opinión pública, de la moral y del derecho cristiano-burgueses para luego poder triunfar en la esfera estrictamente militar. Democracia, derechos humanos, imágenes desgarradoras de la crueldad inhumana del adversario, etc., preceden de manera inevitable a las fechorías genocidas aliadas.

 

Fuente: Nacional-revolucionario

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