La Naturaleza nos habla… solo hay que saber escuchar

Las Fresas, en su corte transversal, se asemejan a los dientes. Y las fresas no sólo los blanquean al frotarlas contra ellos, sino que mantienen una dentadura fuerte y sana, que junto con el rojo, indica su parte homóloga para la salud de las encías.

Las Nueces semejan al cerebro, y son la mejor fuente de Omega 3, Omega 6 y Omega 9 , tan necesarios para el buen funcionemiento del mismo.

Los Higos se parecen a los órganos sexuales, tanto masculinos, como femeninos, (vagina y testículos), y ayudan a la fertilidad. Contienen Vitamina B6, la cual es la responsable de la serotonina, la hormona de la felicidad.. Como se puede ver, todo está muy relacionado.

Los Cítricos en general, se parecen a las glándulas mamarias. Ayudan para una buena lactancia y fijan el calcio, indispensable para el bebé.


Observando al Banano, uno reconoce inmediatamente el alto grado de ERGONOMIA en la fruta. Es maravilloso ver cómo casa perfectamente en la mano humana cuando está semi cerrada para tomar la fruta, tal como se muestra en la imagen, asi: El banano tiene por un lado 3 lineas abultadas que casan con las 3 lineas convexas en el dedo indice, y tiene dos lineas abultadas al otro lado que casan con las dos que se forman con el resto de la mano hasta el pulgar. Los bananos son la fruta que mas POTASIO tiene, y se sabe que el Potasio es necesario para tener buenas articulaciones, evitando que se solidifiquen y degeneren… y qué parte de nuestro cuerpo tiene la mayor cantidad de articulaciones ? … LA MANO !!

La estructura de la Guanábana Cimarrona ó Noni, se asemeja a las células y ya se sabe como actúa benéficamente sobre ellas,ayudando en la curación del cáncer.

La Papaya tiene el poder de limpiar el colon, y se puede observar la semejanza en un corte transversal de la fruta..,hasta en sus vellocidades.


Los tallos del Apio, se presentan como el radio y el cúbito humano y son una fuente de calcio indispensable para nuestros huesos.

La berenjena, la palta, la pera aportan salúd a los órganos reproductores femeninos.Con la palta (aguacate)se nivelan los índices hormonales y además previene el cáncer en esos órganos. Tarda exactamente 9 meses en la flor del palto, convertirse en un fruto maduro.

Las Uvas cuelgan en un racimo que tiene la forma del corazón. Cada uva parece una célula sanguínea y toda la investigación actual muestra que las uvas también son un alimento profundamente vitalizador para el corazón y la sangre.


El tomate tiene cuatro cámaras y es rojo. El corazón tiene cuatro cámaras (cavidades) y es rojo. Todas las investigaciones muestran que los tomates están cargados de licopeno y de hecho son puro alimento para el corazón y la sangre.

Las cebollas se parecen a las células.Ya quedó demostrado que las cebollas contribuyen a limpiar los deshechos de las células.
Haz visto al pelar una cebolla como lagrimeamos?…y así se limpian las capas epiteliales de nuestros ojos.

Los Frijoles realmente sanan y ayudan a mantener el funcionamiento de los riñones y sí, se ven exactamente como los riñones humanos.

 

Las Aceitunas ayudan a la salud y funcionamiento de los ovarios.

 

La raíz del jengibre se parece bastante a los órganos digestivos. Y hace tiempo se sabe que el jengibre ayuda a combatir el mareo y los síntomas debido a la salida de olor y sabor picante. Científicos de Dinamarca encontraron que la raíz de esta planta triturada reprimir las náuseas y los vómitos, incluso en los casos en que están altamente expresados ​​y requiere hospitalización. El jengibre también es bueno para ayudar a las náuseas que muchas mujeres embarazadas.

 

La batata (camote)se parecen al páncreas y realmente, balancean el índice glucémico en los diabéticos y contribuyen a su funcionamiento saludable. Se contiene una gran cantidad de beta-caroteno, que es un poderoso antioxidante que protege a todos los tejidos del cuerpo, incluyendo páncreas, los daños asociados con el envejecimiento o el cáncer.

Fuente: http://luzarcoiris.wordpress.com

 

El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal,

RT

La lucha contra la grasa saturada puede haber sido el mayor error en la historia de la nutrición. La reducción del consumo de grasa animal y colesterol ha disparado la cantidad de muchas enfermedades graves, según el portal ‘Authority Nutrition‘.

Estudios realizados en las últimas décadas aportan pruebas concluyentes de que ni las grasas saturadas ni el colesterol dietético causan daños en los seres humanos. El portal ‘Authority Nutrition’ presenta 6 grafícos con los que pretende demostrar lo perjudicial que ha sido aconsejar a las personas que reduzcan el consumo de grasa animal.

1. Más grasa, menos enfermedades

¿Alguna vez han oído hablar de ‘la paradoja francesa’? Es una frase que se utiliza para describir el hecho aparentemente ‘paradójico’ de que los franceses tienen un bajo riesgo de contraer enfermedades del corazón, pese a que entre ellos predomina una dieta alta en grasas saturadas.

En este gráfico desarrollado por el doctor sueco Andreas Eenfeldt se aborda la paradoja europea, donde no se percibe que exista una correlación entre el consumo de grasas saturadas y las muertes por enfermedades del corazón en diferentes países de Europa.

Resulta que los países que comen más grasas saturadas tienen un menor riesgo de morir por enfermedades del corazón. La razón de esto sería sencilla: las grasas saturadas no tienen nada que ver con las enfermedades cardiovasculares. No sería una paradoja, sino simplemente un mito, afirma el portal.

2. Dieta baja en grasa y la epidemia de obesidad

En 1977 se recomendó a todos los estadounidenses la dieta baja en grasas. Paradójicamente, fue entonces cuando empezó la epidemia de obesidad.

Aunque este gráfico, desarrollado por el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE.UU. no prueba nada (correlación no corresponde a causalidad), sí que tiene sentido, porque la gente empezó a abandonar los alimentos tradicionales como la mantequilla para reemplazarlos por alimentos procesados bajos en grasa, pero con alto contenido de azúcar.

Desde entonces, se han llevado a cabo muchos estudios a gran escala sobre la dieta baja en grasa que muestran claramente que este tipo de dieta no ayuda a perder el peso y que tienen un efecto nulo en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. A pesar de los malos resultados de los estudios, esta dieta sigue siendo recomendada por las organizaciones de nutrición en todo el mundo.

3. Dietas altas en grasas, más pérdida de peso

Si la grasa animal es tan dañina como dicen, entonces las dietas que contienen una gran cantidad de ella deben engordar y afectar la salud. Sin embargo, el estudio publicado en la revista ‘The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism‘ en 2003 no apoya esta hipótesis.

El gráfico mostró que las mujeres que consumen una dieta baja en hidratos de carbono pero alta en grasas perdieron más del doble de peso que las mujeres que seguían una dieta restringida en calorías baja en grasa. La verdad es que las dietas con alto contenido graso (pero bajas en hidratos de carbono) conducen sistemáticamente a resultados mucho mejores que las dietas altas en hidratos de carbono y bajas en grasas, según ‘Authority Nutrition’ .

Además, no solo ayudan a perder peso, sino que también dan lugar a grandes mejoras para reducir los principales factores de riesgo de padecer enfermedades como las de tipo cardiovascular y la diabetes.

4. Grasas añadidas

En el siglo XX varias enfermedades graves se volvieron comunes. La epidemia de las enfermedades cardiovasculares comenzó alrededor de 1930, la de obesidad en 1980 y la de la diabetes alrededor de 1990. A pesar de que estas enfermedades eran casi desconocidas antes, ahora se han convertido en los principales problemas de salud en el mundo, costando la vida a millones de personas anualmente.

Es evidente, a juzgar por el gráfico elaborado por el nutricionista Stephan Guyenet, que estas enfermedades se han disparado una vez que las grasas animales han sido sustituidas por manteca, margarina y aceites vegetales procesados.

5. Inicio de la pandemia de obesidad

Algunas personas todavía culpan a los alimentos tradicionales como la carne y la mantequilla de las enfermedades de la civilización, pese a que estos alimentos han proporcionado a los seres humanos buena salud desde hace mucho tiempo y culparlos de enfermedades nuevas no tiene sentido, conjetura el portal.

Este gráfico, del Estudio de Salud de las Enfermeras, muestra que mientras los estadounidenses reducían su ingesta de carne roja y de productos lácteos altos en grasa, iba creciendo la epidemia de obesidad.

6. Mantequilla vs. Margarina

Antes, cuando todo el mundo empezó a señalar con el dedo a las grasas saturadas como causa de enfermedades del corazón, empezó a ser demonizada la mantequilla y otros productos lácteos altos en grasa. Nutricionistas de todo el mundo aconsejaban a la gente reemplazar la mantequilla con la margarina, que era baja en grasas saturadas, pero alta en grasas artificiales.

Esto, no obstante, llevó a un resultado opuesto. Mientras que la grasa saturada es inofensiva, frente a las grasas artificiales.

En el gráfico, basado en el Estudio del Corazón de Framingham, se puede ver cómo el riesgo de enfermedades del corazón aumenta a medida que la gente come menos mantequilla y más margarina.

Comentario: Según nuestra investigación, la cetosis es el estado natural del ser humano y, como tal, seguirla de manera prolongada no representa ningún problema para nuestro bienestar general, sino todo lo contrario, constituye una auténtica senda de sanación y transformación personal debido a su gran impacto positivo en nuestro cuerpo y mente. Se trata de alimentarse, básicamente, de grasas naturales, acompañadas de proteínas, y un mínimo porcentaje de carbohidratos (Entre un 10% y 18%).

La necesidad de hidratos de carbono para el ser humano es de cero. Es decir, no hay tal cosa como un hidrato de carbono esencial. Por el contrario, existen aminoácidos (de las proteínas) y ácidos grasos (de las grasas) esenciales. Es decir, debemos consumirlos sí o sí para nuestra subsistencia. La madre naturaleza, en su infinita sabiduría, no hizo tal cosa como un hidrato de carbono esencial.

Durante cientos de miles de años, nuestros ancestros practicaron la caza y el arreado, con una alimentación baja en carbohidratos. No necesariamente descartaban los carbohidratos o los consideraban poco saludables, probablemente fue más debido a que hemos pasado la mayor parte de nuestra historia evolutiva en condiciones de una era de hielo en las que los vegetales y frutas simplemente no estaban disponibles, y donde lo estaban, eran muy diferentes a las frutas y verduras disponibles hoy en día. El hecho es que nuestros cuerpos están diseñados, han evolucionado, para vivir y sobrevivir sin consumir carbohidrato alguno, mientras haya cantidades de nutritivas proteínas y grasas disponibles, y agua para beber. Estudios de excrementos humanos fosilizados de entre 300 mil a 50 mil años atrás, han revelado esencialmente una total falta de material vegetal en la alimentación de las muestras analizadas.

Además de esto, como lo explica Robb Wolf en su libro La solución Paleolítica, el análisis de los huesos de los habitantes del período paleolítico muestran que éstos tenían un desempeño físico envidiable por los más grandes atletas de alto rendimiento de hoy en día, lo que significa que uno puede desempeñarse perfectamente en el ámbito deportivo y atlético, manteniendo el estado de cetosis.

grasas 2

Para el lector interesado, SOTT recomienda fuertemente la lectura en el foro cassiopaea.org del hilo Dieta Cetogénica: camino hacia la transformación, donde podrá conocer y aprender de la experiencia de quienes han experimentado con esta extraordinaria “forma de alimentarse”.

También puede informarse más acerca de la Dieta Cetogénica leyendo estos artículos:

La cetosis es el estado fisiológico óptimo para el ser humano

¡Gracias Cetosis! (Parte 1)

¡Gracias Cetosis! (Parte 2)

¡Gracias Cetosis! (Parte 3)

De manera adicional recomendamos la lectura de nuestro Enfoque Sott sobre la dieta paleolítica,La dieta paleolítica revisada, y el libro La solución paleolítica de Robb Wolf.

La programación mental antigrasas que las grandes industrias farma-agro-alimentarias te agradecen.

Últimamente en Sott andamos recibiendo toda una serie de comentarios de gente que al parecer se indigna cuando publicamos sobre los beneficios de las grasas saturadas de origen animal. Lo hemos venido diciendo desde hace años y no ha sido sino hasta el mes pasado que la medicina convencional ha admitido su error de inculpar a las grasas animales. La British Medical Journal ha llegado a admitir a través de una publicación que se cometió un error y que las grasas animales son un factor protector para las enfermedades cardiovasculares. El Comité Experto de Suecia ha publicado nuevas normas teniendo en cuenta la evidencia científica de que una dieta baja en carbohidratos es más eficaz para la pérdida de peso. Un documental desmintiendo el mito del colesterol y la industria de las estatinas – fármacos reductores del colesterol – está siendo televisado en Australia, su enfoque sobre el beneficio del consumo de grasas saturadas está provocando la reacción de miles de telespectadores quienes están pidiendo cuentas a sus médicos acerca del tema. Sin embargo, a juzgar por algunos de los comentarios que hemos recibido, a algunos lectores les está costando dejar sus vacas sagradas después de años de programación anti-grasa.

Por ejemplo, en el último artículo que publicamos al respecto: El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal, algunos lectores comentaron como sigue:

“..ni me gasto en leer esta tonteria….”

“Me parece a mi que esa página tiene como norma ir contra todo es una manera de llamar la atención y así tener muchas visitas y porque no pueden estar financiados por alguien con intereses encontrados Señales publican muchas noticias de esas páginas cosa que personalmente cada vez os leo menos”

O bien…

“¿Este artículo lo estará pagando alguna trans-nacional de mucho poder???”

Es irónico que mencionen eso último, ya que, al contrario de lo que plantea, las grasas saturadas de origen animal, justamente, no traen muchos beneficios a las multinacionales, ya que, para obtener buenas grasas saturadas, se debe optar por animales salvajes, idealmente, o criados con nada más que pasto, o su alimento natural, es decir, lo que naturalmente deberían comer, y no los granos y balanceados a base de maíz o soja que generan billones de ganancias para las grandes industrias multinacionales.

No se trata de alimentarse de animales criados en granjas industriales, que no ven la luz, que están repletos de antibióticos/hormonas y que viven en su propio excremento, por lo que también están repletos de enfermedades derivadas de bacterias como la E. Coli (ver documental Comida S.A.). Más bien se trata de apoyar a los pequeños productores que todavía crían a sus animales al aire libre, los dejan pastar naturalmente y no les inyectan hormonas y demás cosas para que engorden desproporcionadamente. La carne y la grasa de estos animales industriales, a parte tener muchas sustancias potencialmente tóxicas, no tienen mucho valor nutritivo como la carne de animales que viven de manera más natural.

Por otro lado, es nuestra dependencia a los carbohidratos lo que nos mantiene más atados a la industria agro – alimenticia – farmacéutica – psiquiátrica. En primer lugar, el consumo de carbohidratos es una forma de combustible para el cuerpo muy poco eficiente que nos mantiene en constante búsqueda de más y más, todo el tiempo, porque se gasta rápido y, el cuerpo acostumbrado, al no saber que posee otras fuentes de energía, exige más y más para que podamos seguir andando. Lo que lleva a que compremos más y más todo el tiempo: granos (trigo, maíz, arroz, soja, etc), azúcar y todo tipo de ‘snacks’ basados en los mismos ingredientes. Casualmente, éstos son los alimentos que más se cultivan en el mundo y que más daño causan a nivel medioambiental, social y sanitario.

Citando un Enfoque Sott:

“Nora Gedgaudas, autora de Primal Body, Primal Mind, compara la quema de carbohidratos a la quema de cientos de hojas de papel. Este sistema hace que la chimenea (nuestro cuerpo) funcione razonablemente bien, pero no es lo más económico. La cetosis (quema de grasas), a su vez, es equivalente a quemar un tronco. Ambos hacen funcionar la chimenea, pero la segunda es más eficiente y económica a largo plazo. También es menos agotadora para el cuerpo: cuando quema grasa, el cuerpo ya no está en constante corte de energía y ya no es necesario realimentarlo cada dos horas. Se acaban las ansias de las 10h y el corte de energía de las 17h, síntomas de que el azúcar en la sangre cae y falta.”

La dieta paleolítica revisada

Además, los componentes adictivos del trigo, la leche y el azúcar ayudan a que seamos aún más dependientes de esta industria y la agricultura (actividad más que destructiva para el planeta Tierra y, para nosotros también, por ende). Desde Sott, muchas veces hemos publicado artículos referentes a los efectos nocivos que tuvo la agricultura para la humanidad y el planeta que habitamos.

En otro Enfoque Sott sobre el tema encontramos:

“Contrariamente a la creencia popular sostenida por muchos antropólogos de que la agricultura es uno de los logros más grandiosos de la humanidad, hay evidencia creciente que sugiere que la raza humana, en realidad, se estableció en el camino de la auto-destrucción cuando se abrazó a las sociedades agrarias.

La imagen que emerge hoy en día es que el cambio de la cacería y recolección ocurrió de manera repentina y fue seguido por una caída aguda en la expectativa de vida. Huesos antiguos de humanos encontrados en varias capas de los sitios arqueológicos, datados desde los inicios de la adopción de la agricultura, revelan la prevalencia incrementada de enfermedades y un número menor de personas ancianas. Durante siglos después de la adopción de la agricultura, estos huesos también nos cuentan historias de un número mayor de muertes violentas cuando son comparados con los restos de huesos de sociedades pre-agrarias de cazadores y recolectores.”

– Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido

Y, como dice Lyerre Keith, en su excelente libro “El mito vegetariano

La verdad es que la agricultura es lo más destructivo que los humanos han hecho al planeta, y más de lo mismo no va a salvarnos. […]

Y la agricultura no es realmente una guerra ya que los bosques y pantanos y praderas, la lluvia, el suelo, el aire, no pueden devolver el golpe. La agricultura es realmente más como una limpieza étnica, arrasando a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra. Es una limpieza biológica, un biocidio. … No es pacífico. No es sustentable. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte.

Ya no hay espacio para que el búfalo rumie. Solo hay maíz, trigo y soja. Prácticamente los únicos animales que escaparon a la limpieza biológica de los agriculturalistas son pequeños animales como ratones y conejos, y miles de millones de ellos mueren gracias a la maquinaria de cosecha año tras año. A menos que andes por allí con una guadaña, no olvides sumarlo al número de muertes de tu comida vegetariana. Ellos cuentan, y murieron por tu comida…

Suelo, especies, ríos. Esa es la muerte en tu comida. La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas, y los ingiere enteros.

– Lyerre Keith
El mito vegetariano

Otros artículos sobre el tema, los pueden leer aquí:

Sumándose a todo esto, vienen las enfermedades asociadas al consumo de carbohidratos, desde que éste aumenta con la adopción de la agricultura y el consumo de granos, una vez más. Y, a medida que vamos acercándonos a nuestros tiempos, todos los carbohidratos refinados y los componentes sintéticos, aditivos, que posee la comida hoy en día. Además, pesticidas de todo tipo utilizados en la agricultura que llegan a nuestros cuerposun cóctel de sustancias que te aseguran un gran gasto en salud, es decir, una inmensa ganancia para la Big Pharma. Y los efectos psicológicos asociados al gluten encontrado en los granos y otros alimentos, o los aditivos agregados a la comida industrializada, o los pesticidas que tienen la característica de ser disruptores endocrinos, son la clave para la continuidad de la psiquiatría (industria de la muerte).

Así, el hecho de quemar carbohidratos como principal fuente de energía, es, definitivamente, promovido por las grandes industrias (Agro-alimentaria, farmacéutica-psiquiátrica, etc) Esto se puede observar claramente con el nivel de programación mental que se ve en los comentarios que nos dejan muchos, y en todas partes, de que las grasas son malísimas y que hay que comer cereales, por ejemplo (gran legado de la pirámide de alimentos creada por la FAO – la organización de AGRICULTURA y alimentos de EE.UU. – que claramente no nos indica lo que es saludable para nosotros sino lo que es rentable para ellos, para las grandes industrias.

Evolución humana y grasas saturadas

Agregando otro aspecto sobre el tema, un comentario dice con razón:

“Si los abuelos no hubieran comido eso no estariamos aqui!!!”

Hubo una época en la que las enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, la obesidad y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer eran la excepción, no la norma. Somos seres humanos con funciones cognitivas superiores gracias a una dieta rica en grasas y proteínas animales. Desde que la humanidad ha adoptado una dieta rica en carbohidratos, aberrante para su fisiología, la salud no ha hecho más que empeorar. Nunca se ha visto tan mala calidad de vida y salud en la historia de la humanidad como la que se está viendo ahora. Ahora terminar una vida, si se le puede llamar vida, con enfermedades neurodegenerativas es considerado “normal”. No es difícil de imaginar la reacción de nuestros ancestros a esta chocante realidad: La enfermedad de Alzheimer aumentará en un 85 por ciento en las próximas dos décadas. Cada 7 segundos surge en el mundo un nuevo caso de demencia. Esto es totalmente inaceptable para una enfermedad que se puede prevenir con una dieta acorde a lo que nuestra fisiología, cuerpo y cerebro necesita: grasas animales.

Muchos académicos están de acuerdo en que las grasas saturadas y la carne cumplieron un rol fundamental en nuestra evolución. Desde el tamaño de nuestros intestinos y nuestros cerebros, así como las funciones metabólicas óptimas necesarias para alimentar energéticamente a nuestro cerebro, evidencian que la cetosis (metabolismo a base de grasas) es el estado fisiológico natural y óptimo para el ser humano.

En un artículo publicado en la versión en inglés de Sott, Barry Groves, PhD dice:

Cerca de la mitad de nuestro cerebro y sistema nervioso está compuesto por ácidos complejos de cadena larga, ácidos grasos. Estos también se utilizan en las paredes de nuestros vasos sanguíneos. Sin ellos no podemos desarrollarnos con normalidad. Estos ácidos grasos no se producen en las plantas, a pesar de que sí producen ácidos grasos de tipo más simple. Aquí es donde entran los herbívoros que comen plantas. Durante el año, los herbívoros convierten los ácidos grasos simples que se encuentran en las hierbas y semillas en [ácidos grasos] intermedios, más complejos. Al comer a los herbívoros podemos convertir sus reservas de estos ácidos grasos en los que necesitamos.

[…]

Una proporción creciente de carne en la dieta, obviamente, han proporcionado más proteína animal, tal vez un factor relacionado con el aumento en la estatura que parece haber acompañado a la transición de los Australopitecus a través del Homo habilis al Homo erectus.

Sin embargo, una mayor disponibilidad de la grasa animal fue probablemente una alteración dietética más importante. Herramientas de piedra bruta permitieron que los primeros seres humanos rompan los huesos permitiéndoles el acceso al cerebro y la médula grasas procedentes de una amplia gama de animales obtenidos mediante carroña o la caza. Estas y otras grasas de animales muertos fueron probablemente tan apreciados por los primeros homínidos como son por los humanos cazadores-recolectores modernos.

[…]

Nuestro cerebro es considerablemente más grande que la de cualquier simio. Mirando hacia atrás en los registros fósiles de los primeros homínidos hasta el hombre moderno, vemos un aumento notable en el tamaño del cerebro de 375-550 ml en los tiempos del Australopithecus, a 500 a 800 ml en el Homo habilis, 775-1,225 ml en el Homo erectus, y 1350 cc en los humanos modernos (Homo sapiens). Aunque todavía hay especulaciones acerca de por qué esto pudo haber ocurrido, este aumento en el tamaño del cerebro no podría haber sido apoyado fisiológicamente sin un aumento de la ingesta de ácidos grasos de cadena larga pre-formados que son un componente esencial en la formación del tejido cerebral. Eso nunca se habría producido si nuestros antepasados ​​no hubieran comido carne – con su grasa. La leche materna humana contiene los ácidos grasos necesarios para el desarrollo de un cerebro grande, la leche de vaca no. No es casualidad que, en términos relativos, nuestro cerebro es unas 50 veces mayor que el de una vaca.

Y algo muy llamativo acerca de la evolución y el tamaño de nuestro cerebro es que el mismo se está reduciendo en tamaño, nada más y nada menos que desde hace unos 10.000 – 5.000 años – coincidentemente, cuando la práctica de la agricultura se extiende a lo largo del planeta.

En el mismo artículo citado más arriba, se lee:

Nuestros cerebros están cada vez más pequeños

Con un pequeño intestino, con el que absorber todos los nutrientes y la energía que nuestro cuerpo necesita, una dieta moderna baja en calorías, baja en grasas, rica en fibra, basada en vegetales es lamentablemente inadecuada como fuente de energía para nuestro sistema ávido de energía para funcionar con la máxima eficiencia. Esta deficiencia ha comenzado a mostrarse.

Desde el advenimiento de la agricultura , ha habido una tendencia preocupante, ya que nuestros cerebros han disminuido en tamaño. Un riguroso análisis recientemente actualizado de los cambios en el tamaño del cerebro humano descubrió que el tamaño del cerebro de nuestros antepasados ​​llegó a su apogeo con los primeros humanos anatómicamente modernos de hace aproximadamente 90.000 años. Eso luego se mantuvo bastante constante durante otros 60.000 años. En los próximos 20.000 años se produjo una ligera disminución en el tamaño del cerebro de un 3%. Es desde el advenimiento de la agricultura hace unos 10.000 años, sin embargo, que la disminución se ha acelerado de manera significativa, por lo que ahora nuestros cerebros son un 8% más pequeños.

Esto sugiere algún tipo de deficiencia histórica reciente en algún aspecto de la nutrición humana en general. El cambio en la dieta más evidente y de mayor alcance en los últimos 10.000 años es, por supuesto, la enorme disminución en el consumo de alimentos altos en energía y grasas, de origen animal, que formaban probablemente más del 90 % de la dieta, a un mínimo de 10% en la actualidad, junto con un gran aumento en el consumo de granos con densidad energética menor. Este patrón persiste, incluso se aboga hoy: es la base de nuestra así llamada dieta “saludable” .

Para más información al respecto:

Con todo esto sobre la mesa y volviendo al planteamiento inicial sobre lo que las corporaciones multinacionales y las instituciones gubernamentales oficiales promueven como dieta “saludable”, es difícil no plantearse la siguiente pregunta ¿Están promoviendo todo eso para hacernos cada vez más tontos y por lo tanto condicionarnos más fácilmente? Si bien gran parte de todo este conglomerado de inter-beneficios entre distintas áreas de la industria se explica con los beneficios que obtienen (la industria alimentaria responde a los intereses de la agricultura y a su vez nos enferma dando beneficios a la industria médica), lo que aquí vemos parece incluir la ‘estupidización’ masiva de la humanidad, para que, combinando la propaganda y desinformación dada a través de los medios de comunicación, seamos cada vez más incapaces de pensar, analizar, reflexionar y por lo tanto cuestionar el status quo. Así también, se hace más difícil que como humanidad podamos usar nuestras funciones cognitivas para observar y comprender nuestra realidad y, crear formas de vivir humanamente haciendo uso de nuestra creatividad (característica principal del Homo sapiens que requiere un funcionamiento óptimo de nuestras facultades cognitivas).

Es por eso que pasar del consumo de carbohidratos como principal fuente de energía, al consumo de grasas saludables, pasando de la glucólisis a la cetosis, no solo nos trae numerosos beneficios en términos de salud y bienestar, sino también constituye una elección de dejar de depender y apoyar a estas grandes industrias colaborando con y creando modelos mucho más saludables, sostenibles y, que, en última instancia, son mejores para los seres humanos y el resto de los seres vivos con quienes compartimos el planeta.

cacería de Diana

© Peter Rubens
Peter Rubens (1577-1640), Diana regresando de la cacería

“Por lo tanto podemos ver que abastecernos de grasas de buena calidad, ganado alimentado con pasto o aves que no sean de corral sino ‘caseras y que caminen sueltas’, si bien es cada vez más difícil, es esencial si queremos escaparnos de la soga que la agricultura ha atado alrededor de nuestro cuellos.

Solamente podemos esperar que en los próximos años veamos más movimientos que se alejen de la industrialización y el aumento de intentos de crear comunidades basadas en valores humanos verdaderos; comunidades que no solo curarán a los humanos involucionados, sino también intentarán sanar nuestro medio ambiente.

La única pregunta que permanece es si tenemos suficiente tiempo para intentarlo y recrear el paraíso que una vez se perdió.”

– Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido

Visto en: Sott.net

 

Masonería: La Tírania Oculta

Fuente:DOCUSIFULL25

Skull and Bones, la élite del Imperio

PESADILLA ESTADOUNIDENSE
 
En el seno de la muy elitista y puritana Universidad de Yale, son escogidos cada año por cooptación quince hijos de muy buenas familias.
Estos forman una sociedad secreta de ritos morbosos: los Skull and Bones (Calavera y Huesos).
A lo largo de su vida se apoyan y ayudan entre sí ante las veleidades democráticas de la plebe que aborrecen. Lejos de ser adversarios, los dos candidatos de la más reciente elección presidencial, George W. Bush y John Kerry, se codeaban en secreto desde hace 36 años en el seno de esa cofradía.
La investigación de Alexandra Robbins sobre los Booners constituye hoy un trabajo de referencia. Su libro estará disponible en francés la próxima semana.
Izquierda: El senador estadounidense John Kerry candidato demócrata a la presidencia de los EEUU en 2004 frente a George W. Bush (derecha) del partido Republicano, ambos pertenecen a la secta Skull & Bones. En el centro el símbolo de esta cofradía secreta: la Calavera con su clave 322.
La asociación Skull & Bones ha inspirado una importante literatura conspiracionista que responsabiliza a sus miembros con el escándalo Watergate, la invasión de Bahía de Cochinos y aun con el asesinato de John F. Kennedy. Gracias a sus conexiones con el mundo de los negocios, sobretodo con el sector bancario, estos antiguos compinches de la Universidad de Yale controlarían las finanzas mundiales, y hasta el porvenir del planeta. Los Skull & Bones se habrían infiltrado en el Council on Foreign Relation, la Comisión Trilateral, la CIA, etc.
No se trata de discutir en Voltaire, una publicación laica, sobre el esoterismo practicado en esta organización durante los ritos de iniciación, o sus ceremonias anuales, sino de analizar su función social y su posible papel político. Los Skull & Bones son ante todo la ilustración de la manera cómo, en Estados Unidos, se ha perfeccionado un sistema de reproducción de las élites mediante una selección que, contrariamente al mito del self-made man, no tiene nada que ver con el azar o las cualidades individuales. En efecto, como subraya Anthony Sutton, los miembros más activos de la organización proceden de un«núcleo de unas 20 ó 30 familias», muy interesadas en la defensa de su legado y su linaje. Es por ello que son numerosos los matrimonios entre representantes de las familias a las que pertenecen los miembros de Skull & Bones, aunque únicamente los estudiantes varones eran admitidos, hasta hace poco, en la organización.
Yale, universidad puritana y elitista
Los Skull & Bones nacieron en el campus de la Universidad de Yale, lo cual, según la notable investigación de la periodista delAtlantic Monthly, Alexandra Robbins, no es nada de casual [1].
A principios del siglo XVIII, el conjunto de universidades estadounidenses, ya sean Harvard, Williams, Bowdoin, Middlebury o incluso Amherst, fueron fundadas por congregacionalistas, pero se enfrentaban entonces a la competencia de los presbiterianos, lo que incitó a actuar al presidente de Harvard, Increase Mather. En 1701, éste deja su puesto y crea una nueva universidad «para que el interés de la Religión sea preservado, y que la Verdad sea transmitida a las generaciones futuras». Con la ayuda de diez pastores, nueve de los cuales venían de Harvard, logra fundar así la Collegiate School of Connecticut. En 1711, Isaac Newton, Richard Steel y Elihu Yale son contactados para que transfieran a la nueva institución algunos libros de sus colecciones personales. Los contactos con Yale, quien se había hecho extremadamente rico gracias a sus actividades en el seno de la Compañía de las Indias Orientales y como gobernador de la colonia de Madrás, fueron particularmente fructíferos. Además de proveer libros, Yale financia generosamente la universidad, que le rinde homenaje adoptando su nombre, Yale University, a partir de 1720.
Los lazos con el congregacionalismo garantizan el puritanismo de la enseñanza y el modo de funcionamiento de Yale. Estudiantes y profesores están obligados a hacer profesión de fe para ser admitidos en el establecimiento y se exponen a ser expulsados si su sinceridad es puesta en duda. A este puritanismo se agrega un enconado elitismo: les estudiantes son clasificados, desde que llegan a Yale, no según sus capacidades sino en función de la posición social de sus padres. En primer lugar, los hijos o nietos de gobernadores y vicegobernadores. Después, los familiares de jueces de la Corte Suprema. Un poco más abajo, los hijos de pastores y de antiguos alumnos. Al final de la cola, los hijos de granjeros, comerciantes y artesanos. Esta clasificación determina dónde se sentará cada alumno en las aulas, la capilla y el comedor. Lo más asombroso, señala Alexandra Robbins, no es que esta clasificación inicial dependa del estatus social de la familia del alumno, algo corriente en muchas universidades del siglo XVIII, sino que se mantenga durante los estudios. Yale se convierte así en el ejemplo ideal típico de una institución que reproduce las élites y su jerarquía interna. La pérdida del rango inicial es resultado de alguna violación de la disciplina y se considera un castigo al alumno que ha manchado así el honor de su familia.
Hay que agregar a este modo poco usual de funcionamiento la libertad expresamente otorgada a los alumnos de mayor edad para imponer novatadas, incluso las más humillantes y crueles, a los estudiantes de clases inferiores. El reglamento estipula una serie de medidas para garantizar el respeto de la más arbitraria jerarquía, basada únicamente en la edad. Lyman Bagg contó en la obra, Cuatro años en Yale, publicada anónimamente en 1871, cómo analizaba él los métodos establecidos por la institución. Estas prácticas autorizadas reflejan, según él, el «poder enorme de las “costumbres” de la escuela en la creación de una locura temporal que convierte a hombres débiles en seres crueles y a hombres buenos en seres sin piedad».
Esta propensión al elitismo, a la jerarquía brutal y al puritanismo incita los alumnos, a finales del siglo XVIII, a crear varias sociedades paralelas a la universidad. Se trata, al principio, de sociedades literarias, como Linonia y Brothers in Unity. Se exhorta a los alumnos a entrar en una u otra de estas organizaciones, algo que no parece lo suficientemente elitista a los que desean una estricta reproducción de la nueva«aristocracia» estadounidense. En 1780, se funda en Yale la rama Alpha de la organización Phi Betta Kappa. Otras sociedades florecen en esa época: la Beethoven Society, el Hexahedron Club… Poco a poco, las tertulias literarias pierden su importancia, reemplazadas por sociedades secretas, más elitistas y cerradas. A mediados del siglo XIX, las tres principales son los Skull and Bones (Calavera y Huesos), los Scroll and Key (Pergamino y Llave) y Wolf’s Head (Cabeza de Lobo).
Paralelamente, el claustro de profesores de Yale decide seguir la tendencia. Seis años después de la creación de Skull & Bones, seis miembros de la élite del claustro de profesores se reúnen en el «Club», que rápidamente comenzaría a ser llamado el «Old Man’s Club». Entre sus seis miembros fundadores se encuentran los profesores Josiah Willard Gibbs y Theodore Dwight Woolsey. La organización contará pronto en sus filas a William Howard Taft, al futuro chief justice del Estado de Connecticut Simeon E. Baldwin, al universitario Thomas Bergin, al neurocirujano Harvey Cushing y al fundador de los Skull & Bones, William H. Russell. De éstos, Thomas Bergin y Harvey Cushing no se convertirán en miembros de los Skull & Bones.
La guerra del opio
La universidad de Yale constituye un terreno particularmente fértil para una sociedad secreta tan elitista e influyente como los Skull & Bones. Pero el éxito de esta organización secreta se debe también en gran parte a la poderosa familia Russell, uno de cuyos miembros, el reverendo Noadah Russell, miembro eminente de la Iglesia Congregacionalista, participó en la creación de Yale. La familia Russell se implicó también en la gran guerra del opio que enfrentó al Reino Unido y China durante la primera mitad del siglo XIX.
A finales del siglo XVIII, el monopolio de la explotación del opio cultivado en Bengala con el beneplácito de Inglaterra había sido otorgado a la Compañía de las Indias Orientales, sociedad que dependía directamente de la corona británica y en la cual había participado Elihu Yale. La guerra del opio, que comenzó alrededor del año 1815, tenía como objetivo imponer la introducción de esa droga al enorme mercado chino. De 320 toneladas anuales en 1792, el contrabando de opio se eleva a 480 toneladas en 1817 y alcanza las 3 200 toneladas en 1837. China pide entonces a la reina Victoria que ponga fin al tráfico. La soberana anuncia que las ganancias que reporta éste al Reino Unido son demasiado importantes para que ella decida renunciar a éstas. La tensión aumenta entre Pekín y Londres: en febrero de 1839, un traficante chino es ejecutado frente a las representaciones de comerciantes británicos en Cantón. En junio de 1839, la Corona acepta destruir importantes cargamentos de opio. Numerosos ingleses abandonan entonces Cantón y Macao para retomar el tráfico de drogas un poco más lejos, bajo la protección oficial de la marina británica. El choque es ya inevitable: el 4 de septiembre, tiene lugar la primera batalla naval de la guerra del opio, que ocasiona la destrucción de numerosos navíos chinos. Los enfrentamientos demuestran «la fragilidad de los juncos de guerra chinos y la sanguinaria determinación de los protestantes ingleses de que salgan victoriosos los principios del liberalismo fundado en el tráfico de opio» [2].
Samuel Russel, primo de William Russell, es un importante protagonista de la guerra del opio. De nacionalidad estadounidense, es el fundador, en 1813, de la Russel & Company, compañía que competirá, en 1820, con el dominio británico del tráfico de droga hacia China. Uno de los miembros eminentes de la sociedad era Warren Delano Jr., abuelo de Franklin Delano Roosevelt.
Del club Eulogie a los Skull and Bones
Es en este contexto que William Russel crea los Skulls & Bones, en 1832. Se hace difícil establecer las circunstancias con precisión. Al principio, podría tratarse de una reacción a la exclusión de un miembro de los Phi Beta Kappa, Eleazar Kingsbury Forster. Indignado ante tal manera de proceder y deseoso de dar de nuevo vitalidad a Yale, William Russel habría condenado la decisión de Phi Beta Kappa, dado abrigo a Forster y fundado, con otros trece estudiantes de Yale (entre quienes se encuentra Alfonso Taft [3]), una sociedad más secreta aún y todavía más fuerte, originalmente llamada Club Eulogie, nombre de la diosa griega de la elocuencia. Todavía bajo la impresión de un reciente viaje a Alemania, Russel incluye una buena cantidad de referencias germánicas en el ritual. En 1833, los jóvenes miembros adoptan la calavera y los huesos como emblema. En esa misma época, el número 322 se convierte en la «cifra clave» de la organización. El 322 antes de Cristo es justamente el año de la muerte del orador griego Demóstenes. Según la «tradición Skull and Bones», la diosa Eulogie se fue entonces al paraíso para volver en 1832 y unirse a la sociedad secreta.
En 1856, los Skull and Bones son oficialmente incorporados al Russell Trust, propiedad de William H. Russell, gracias a Daniel Coit Gilman (Bones 1852), presidente fundador de la Universidad John Hopkins. El 13 de marzo del mismo año, la organización cambia de cuartel general y se instala en un impresionante edificio del recinto universitario de Yale, pomposamente bautizado «la Tumba». El lugar se llena rápidamente de reliquias guerreras y macabras: pueden verse allí, según los testimonios de algunos miembros, recogidos por Alexandra Robbins, una acumulación de banderas, de colgaduras negras y de armas recogidas en campos de batalla. Como para que no se olvide que se trata de una confraternidad de estudiantes, una serie de pelotas de baseball provenientes de míticos encuentros ganados por Yale se expone en una sala. El logo de la calavera aparece prácticamente encima de todos los lugares vacíos mientras que huesos de animales se exponen en varias paredes. También pueden verse algunos esqueletos y huesos humanos. La mayoría de los cuadros expuestos en el recinto representa a la Muerte encontrándose con tal o más cual personaje célebre. La atmósfera es parecida a la del entorno de la familia Adams, según Marina Moscovici, conservadora de arte del Estado de Connecticut, que trabajó en la restauración de unos quince cuadros en 1999.
Una polémica estalló a principios de los años 1980 alrededor del cráneo de Gerónimo, que los Skull & Bones afirmaban tener en su posesión. Incluso lo mostraron a un jefe de la tribu apache de Arizona, Ned Anderson. Cuando se les pidió la devolución del cráneo, los miembros de la organización presentaron otro diferente. Un análisis demostró que era el cráneo de un niño de diez años, no el del jefe indio. La autenticidad de la reliquia, que regresó posteriormente a «la Tumba», es por tanto dudosa.
Hoy se conoce mejor el funcionamiento de la organización. Cada año se reclutan quince miembros, lo cual permite estimar en cerca de 800 el número de miembros vivos de la organización en cualquier momento preciso. Bajo la autoridad de los miembros más antiguos, los quince felices elegidos se reúnen dos veces por semana durante un año para conversar de sus vidas, de sus estudios y sus proyectos profesionales. También hay debates sobre cuestiones políticas y sociales. Una vez al año, la sociedad organiza un retiro en Deer Iland, una vasta isla situada en el río Saint Laurent, cerca de Nueva York, donde se ha construido un club señorial al estilo inglés. El nombre de la isla es Deer Iland, no Deer Island, porque tal fue la voluntad de George D. Miller, miembro de los Skull & Bones y generoso donante de la residencia [4].
El ritual de iniciación fue objeto de las más descabelladas elucubraciones por parte de los detractores de la organización. Sin embargo, como en el ritual masónico, el secreto que lo rodea constituye su elemento más determinante y, si es efectivamente posible que las ceremonias que se desarrollan en el recinto de «la Tumba» hayan tenido en algún momento connotaciones paganas, e incluso satánicas, hay que recordar también que las novatadas que inflingían a los nuevos alumnos de Yale eran, en el pasado, particularmente crueles. Pese a ello, es difícil que se pida hoy a los estudiantes seleccionados para entrar en la organización que se presten a juegos sexuales de mal gusto ante los demás iniciados.
La red
Lo más fascinante no es lo que sucede en el seno de la organización sino más bien la coherencia de su lista de miembros, reveladora del talento de Skull and Bones en la formación de las élites del mañana. Es así que todos los presidentes de Estados Unidos que han pasado por Yale han sido miembros de los Skull & Bones: William Howard Taft, Georhe H. W. Bush y George W. Bush. Son a la vez incontables las personalidades miembros de la organización que han ocupado más tarde importantes funciones en el mundo de la política, de la diplomacia, de los medios de difusión e, incluso, del espionaje.
La organización dispone de importantes contactos en los medios diplomáticos, sobre todo en el Council on Foreign Relations. Por ejemplo, Henry Stimson, secretario de Guerra de Franklin Delano Roosevelt, el embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética Averell Harriman y J. Richardson Dilworth, administrador de los intereses de la familia Rockefeller, eran miembros de los Skull and Bones [5].
Varios miembros de Skull & Bones han alcanzado también notoriedad en el mundo de los medios de difusión. Al parecer, Henry Luce y Briton Haden, miembros de la organización desde 1920, habrían concebido juntos la idea de crear la revista Timedurante una reunión en «la Tumba» mientras que Averell Harriman fue el fundador del diario Today, que se fusionó con otra revista en 1937 convirtiéndose en Newsweek.
Los contactos con la CIA son particularmente impresionantes: William F. Buckley, miembro ultraconservador de la Agencia y conocido propagandista, fue miembro de la asociación, al igual que su hermano, James Buckley, subsecretario de Estado para la Seguridad, Ciencia y Tecnología, en el gobierno de Ronald Reagan, puesto desde el cual supervisaba la entrega de la ayuda militar estadounidense destinada a los regímenes de derecha. Hugh Cunningham (Bones 1934) también tuvo una larga carrera en los servicios estadounidenses, de 1947 a 1973. William Bundy, Bonesman de la promoción de 1939, se encuentra en el mismo caso, así como Dino Pionzio (Bones 1950), jefe de la estación CIA en Santiago de Chile en 1970, donde ayudó a desestabilizar al gobierno de Salvador Allende.
Al servir de medio de reproducción de la élite económica y política del país la organización se ha asegurado una benevolencia poco acostumbrada por parte de las autoridades. En 1943, un acta legislativa especial adoptada por el Estado de Connecticut eximió a los socios de la Russell Trust Association, que administra, entre otras cosas, los haberes de la sociedad secreta, de la presentación del informe de actividad que se exige a cualquier otra sociedad. Durante la segunda mitad del siglo XX, sus fondos fueron administrados por John B. Madden Jr., miembro de Brown Brothers Harriman, sociedad nacida de la fusión, en 1933, de Brown BROS & Company y de W.A. Harriman & Company. Madden trabajaba entonces bajo las órdenes de Prescott Bush, padre del futuro presidente George H.W. Bush y abuelo del actual presidente de Estados Unidos. Naturalmente, todos estos personajes son miembros de los Skull & Bones.
Otra fuente de fondos: los Rockefeller. Percy Rockefeller fue miembro de la Orden y vinculó la organización a las propiedades de la Standard Oil. Otra importante familia ligada a los Skull & Bones es la de los Morgan. J.P. Morgan no fue nunca miembro de la sociedad, pero Harold Stanley, miembro del equipo dirigente del Morgan’s Guaranty Trust, perteneció a ella desde 1908. W. Averell Harriman, de la promoción de 1913, fue también miembro del consejo administrativo, al igual que H.P. Whitney y su padre, W.C. Whitney. Es también de forma indirecta que la organización ha podido beneficiarse con fondos de la familia Ford, aparentemente en contra de la opinión de la misma. McGeorge Bundy, miembro de los Skull & Bones, fue en efecto presidente de la Fundación Ford de 1966 a 1978, después de haber sido asesor para la Seguridad Nacional bajo John F. Kennedy y Lyndon Johnson.
Presidencial 2004: Skull and Bones cara a cara
Los Skull & Bones no tienen verdaderamente un discurso ideológico, aunque no es corriente reverenciar a un financista de la guerra del opio o utilizar como objeto ritual el supuesto cráneo del último jefe de un pueblo recientemente exterminado. Contrariamente a lo que la literatura conspiracionista haya podido mencionar, no se trata de un club de neonazis, de ultraconservadores o tan siquiera de halcones. Sin embargo, como representante de la futura élite (lo cual implica ya el hecho de pertenecer a la clase social que dispone de suficiente capital sociocultural como para triunfar en los diferentes campos del poder), los miembros de Skull & Bones comparten una misma visión del mundo y de las relaciones en el seno de la sociedad. Son todos capitalistas partidarios de un seudoliberalismo y defensores de los valores de Libertad que presuntamente encarnan los Estados Unidos. Aún habiendo respondido recientemente a los cantos de sirena de lo «políticamente correcto» al admitir progresivamente a algunos representantes de las minorías étnicas y sexuales, y más tarde de las mujeres, en 1991 –provocando la consternación, entre otros, del ex-presidente George H.W. Bush–, las élites reunidas en los Skull & Bones no dejan de ser por ello la encarnación casi perfecta del pensamiento único de la clase dirigente estadounidense.
El hecho de que los dos últimos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, George W. Bush y John Kerry, fueran miembros de la organización no puede ser interpretado como la manifestación de una elección arreglada de antemano entre dos cómplices. Podemos sin embargo inquietarnos legítimamente por la forma en que se establece la selección en el terreno político estadounidense ya que, si los dos candidatos son capaces de enfrentarse duramente, no hay dudas de que ambos pertenecen a un medio social estrecho y homogéneo y que, por esa razón, defienden, a pesar de sus divergencias, intereses parecidos. En cierta forma, parafraseando a un político francés, la elección presidencial de 2004 habría sido «Skull and Bones o Bones and Skull». Es además por esa misma razón que la Orden llama tanto la atención, porque encarna la quintaesencia del medio social más favorecido de Estados Unidos y cuyos puntos de vista están lejos de representar el ideal democrático al que aspira el resto de la población. Individualmente, numerosos miembros de la organización han estado involucrados en la mayoría de las «acciones sucias» de Estados Unidos en los últimos cincuenta años, de la invasión de Bahía de Cochinos a la elaboración de la doctrina nuclear, pasando por el derrocamiento de Salvador Allende. Y han podido hacerlo únicamente fuera del marco de las instituciones democráticas, amparados por el secreto de su complicidad y sobre la base de una vieja confraternidad. Sin embargo, ninguna decisión de ese tipo ha sido tomada en el seno mismo de la asociación de los Skull & Bones. No se trata de una estructura jerarquizada, apta para tomar tales decisiones y hacer que se apliquen. Como quiera que sea, la Orden secreta sigue siendo la fachada más evidente del «enemigo de clase» que representa la «aristocracia imperial» de Estados Unidos.
El libro de referencia de Alexandra Robbins sobre los Skull and Bones está ahora disponible en francés.
[1] Secrets of the Tomb, por Alexandra Robbins, Little, Brown and Company, 2002.
[2] Le blanchiment du crime en permet la repetition – L’arme éthique dans les nouvelles guerre occidentales, de Michel Tibon, tesis inédita, 1999.
[3] Alphonso Taft, futuro secretario de la Guerra en 1876, más tarde secretario de Justicia y embajador estadounidense en Rusia, es el padre de William Howard Taft, el único político estadounidense que fue presidente de la Corte Suprema después de haber sido presidente de Estados Unidos.
[4] Juego de palabras difícil de traducir: Deer Island significa «Isla del ciervo», Dear I lan significaría «tierra del querido yo mismo».
[5] Anthony C. Sutton, America’s Secret Establishment: An Introduction to the Order of Skull & Bones, Liberty House Press, 1988.

Skull & Bones y Los Restos De Gaitán.