El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal,

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La lucha contra la grasa saturada puede haber sido el mayor error en la historia de la nutrición. La reducción del consumo de grasa animal y colesterol ha disparado la cantidad de muchas enfermedades graves, según el portal ‘Authority Nutrition‘.

Estudios realizados en las últimas décadas aportan pruebas concluyentes de que ni las grasas saturadas ni el colesterol dietético causan daños en los seres humanos. El portal ‘Authority Nutrition’ presenta 6 grafícos con los que pretende demostrar lo perjudicial que ha sido aconsejar a las personas que reduzcan el consumo de grasa animal.

1. Más grasa, menos enfermedades

¿Alguna vez han oído hablar de ‘la paradoja francesa’? Es una frase que se utiliza para describir el hecho aparentemente ‘paradójico’ de que los franceses tienen un bajo riesgo de contraer enfermedades del corazón, pese a que entre ellos predomina una dieta alta en grasas saturadas.

En este gráfico desarrollado por el doctor sueco Andreas Eenfeldt se aborda la paradoja europea, donde no se percibe que exista una correlación entre el consumo de grasas saturadas y las muertes por enfermedades del corazón en diferentes países de Europa.

Resulta que los países que comen más grasas saturadas tienen un menor riesgo de morir por enfermedades del corazón. La razón de esto sería sencilla: las grasas saturadas no tienen nada que ver con las enfermedades cardiovasculares. No sería una paradoja, sino simplemente un mito, afirma el portal.

2. Dieta baja en grasa y la epidemia de obesidad

En 1977 se recomendó a todos los estadounidenses la dieta baja en grasas. Paradójicamente, fue entonces cuando empezó la epidemia de obesidad.

Aunque este gráfico, desarrollado por el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE.UU. no prueba nada (correlación no corresponde a causalidad), sí que tiene sentido, porque la gente empezó a abandonar los alimentos tradicionales como la mantequilla para reemplazarlos por alimentos procesados bajos en grasa, pero con alto contenido de azúcar.

Desde entonces, se han llevado a cabo muchos estudios a gran escala sobre la dieta baja en grasa que muestran claramente que este tipo de dieta no ayuda a perder el peso y que tienen un efecto nulo en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. A pesar de los malos resultados de los estudios, esta dieta sigue siendo recomendada por las organizaciones de nutrición en todo el mundo.

3. Dietas altas en grasas, más pérdida de peso

Si la grasa animal es tan dañina como dicen, entonces las dietas que contienen una gran cantidad de ella deben engordar y afectar la salud. Sin embargo, el estudio publicado en la revista ‘The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism‘ en 2003 no apoya esta hipótesis.

El gráfico mostró que las mujeres que consumen una dieta baja en hidratos de carbono pero alta en grasas perdieron más del doble de peso que las mujeres que seguían una dieta restringida en calorías baja en grasa. La verdad es que las dietas con alto contenido graso (pero bajas en hidratos de carbono) conducen sistemáticamente a resultados mucho mejores que las dietas altas en hidratos de carbono y bajas en grasas, según ‘Authority Nutrition’ .

Además, no solo ayudan a perder peso, sino que también dan lugar a grandes mejoras para reducir los principales factores de riesgo de padecer enfermedades como las de tipo cardiovascular y la diabetes.

4. Grasas añadidas

En el siglo XX varias enfermedades graves se volvieron comunes. La epidemia de las enfermedades cardiovasculares comenzó alrededor de 1930, la de obesidad en 1980 y la de la diabetes alrededor de 1990. A pesar de que estas enfermedades eran casi desconocidas antes, ahora se han convertido en los principales problemas de salud en el mundo, costando la vida a millones de personas anualmente.

Es evidente, a juzgar por el gráfico elaborado por el nutricionista Stephan Guyenet, que estas enfermedades se han disparado una vez que las grasas animales han sido sustituidas por manteca, margarina y aceites vegetales procesados.

5. Inicio de la pandemia de obesidad

Algunas personas todavía culpan a los alimentos tradicionales como la carne y la mantequilla de las enfermedades de la civilización, pese a que estos alimentos han proporcionado a los seres humanos buena salud desde hace mucho tiempo y culparlos de enfermedades nuevas no tiene sentido, conjetura el portal.

Este gráfico, del Estudio de Salud de las Enfermeras, muestra que mientras los estadounidenses reducían su ingesta de carne roja y de productos lácteos altos en grasa, iba creciendo la epidemia de obesidad.

6. Mantequilla vs. Margarina

Antes, cuando todo el mundo empezó a señalar con el dedo a las grasas saturadas como causa de enfermedades del corazón, empezó a ser demonizada la mantequilla y otros productos lácteos altos en grasa. Nutricionistas de todo el mundo aconsejaban a la gente reemplazar la mantequilla con la margarina, que era baja en grasas saturadas, pero alta en grasas artificiales.

Esto, no obstante, llevó a un resultado opuesto. Mientras que la grasa saturada es inofensiva, frente a las grasas artificiales.

En el gráfico, basado en el Estudio del Corazón de Framingham, se puede ver cómo el riesgo de enfermedades del corazón aumenta a medida que la gente come menos mantequilla y más margarina.

Comentario: Según nuestra investigación, la cetosis es el estado natural del ser humano y, como tal, seguirla de manera prolongada no representa ningún problema para nuestro bienestar general, sino todo lo contrario, constituye una auténtica senda de sanación y transformación personal debido a su gran impacto positivo en nuestro cuerpo y mente. Se trata de alimentarse, básicamente, de grasas naturales, acompañadas de proteínas, y un mínimo porcentaje de carbohidratos (Entre un 10% y 18%).

La necesidad de hidratos de carbono para el ser humano es de cero. Es decir, no hay tal cosa como un hidrato de carbono esencial. Por el contrario, existen aminoácidos (de las proteínas) y ácidos grasos (de las grasas) esenciales. Es decir, debemos consumirlos sí o sí para nuestra subsistencia. La madre naturaleza, en su infinita sabiduría, no hizo tal cosa como un hidrato de carbono esencial.

Durante cientos de miles de años, nuestros ancestros practicaron la caza y el arreado, con una alimentación baja en carbohidratos. No necesariamente descartaban los carbohidratos o los consideraban poco saludables, probablemente fue más debido a que hemos pasado la mayor parte de nuestra historia evolutiva en condiciones de una era de hielo en las que los vegetales y frutas simplemente no estaban disponibles, y donde lo estaban, eran muy diferentes a las frutas y verduras disponibles hoy en día. El hecho es que nuestros cuerpos están diseñados, han evolucionado, para vivir y sobrevivir sin consumir carbohidrato alguno, mientras haya cantidades de nutritivas proteínas y grasas disponibles, y agua para beber. Estudios de excrementos humanos fosilizados de entre 300 mil a 50 mil años atrás, han revelado esencialmente una total falta de material vegetal en la alimentación de las muestras analizadas.

Además de esto, como lo explica Robb Wolf en su libro La solución Paleolítica, el análisis de los huesos de los habitantes del período paleolítico muestran que éstos tenían un desempeño físico envidiable por los más grandes atletas de alto rendimiento de hoy en día, lo que significa que uno puede desempeñarse perfectamente en el ámbito deportivo y atlético, manteniendo el estado de cetosis.

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Para el lector interesado, SOTT recomienda fuertemente la lectura en el foro cassiopaea.org del hilo Dieta Cetogénica: camino hacia la transformación, donde podrá conocer y aprender de la experiencia de quienes han experimentado con esta extraordinaria “forma de alimentarse”.

También puede informarse más acerca de la Dieta Cetogénica leyendo estos artículos:

La cetosis es el estado fisiológico óptimo para el ser humano

¡Gracias Cetosis! (Parte 1)

¡Gracias Cetosis! (Parte 2)

¡Gracias Cetosis! (Parte 3)

De manera adicional recomendamos la lectura de nuestro Enfoque Sott sobre la dieta paleolítica,La dieta paleolítica revisada, y el libro La solución paleolítica de Robb Wolf.

La programación mental antigrasas que las grandes industrias farma-agro-alimentarias te agradecen.

Últimamente en Sott andamos recibiendo toda una serie de comentarios de gente que al parecer se indigna cuando publicamos sobre los beneficios de las grasas saturadas de origen animal. Lo hemos venido diciendo desde hace años y no ha sido sino hasta el mes pasado que la medicina convencional ha admitido su error de inculpar a las grasas animales. La British Medical Journal ha llegado a admitir a través de una publicación que se cometió un error y que las grasas animales son un factor protector para las enfermedades cardiovasculares. El Comité Experto de Suecia ha publicado nuevas normas teniendo en cuenta la evidencia científica de que una dieta baja en carbohidratos es más eficaz para la pérdida de peso. Un documental desmintiendo el mito del colesterol y la industria de las estatinas – fármacos reductores del colesterol – está siendo televisado en Australia, su enfoque sobre el beneficio del consumo de grasas saturadas está provocando la reacción de miles de telespectadores quienes están pidiendo cuentas a sus médicos acerca del tema. Sin embargo, a juzgar por algunos de los comentarios que hemos recibido, a algunos lectores les está costando dejar sus vacas sagradas después de años de programación anti-grasa.

Por ejemplo, en el último artículo que publicamos al respecto: El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal, algunos lectores comentaron como sigue:

“..ni me gasto en leer esta tonteria….”

“Me parece a mi que esa página tiene como norma ir contra todo es una manera de llamar la atención y así tener muchas visitas y porque no pueden estar financiados por alguien con intereses encontrados Señales publican muchas noticias de esas páginas cosa que personalmente cada vez os leo menos”

O bien…

“¿Este artículo lo estará pagando alguna trans-nacional de mucho poder???”

Es irónico que mencionen eso último, ya que, al contrario de lo que plantea, las grasas saturadas de origen animal, justamente, no traen muchos beneficios a las multinacionales, ya que, para obtener buenas grasas saturadas, se debe optar por animales salvajes, idealmente, o criados con nada más que pasto, o su alimento natural, es decir, lo que naturalmente deberían comer, y no los granos y balanceados a base de maíz o soja que generan billones de ganancias para las grandes industrias multinacionales.

No se trata de alimentarse de animales criados en granjas industriales, que no ven la luz, que están repletos de antibióticos/hormonas y que viven en su propio excremento, por lo que también están repletos de enfermedades derivadas de bacterias como la E. Coli (ver documental Comida S.A.). Más bien se trata de apoyar a los pequeños productores que todavía crían a sus animales al aire libre, los dejan pastar naturalmente y no les inyectan hormonas y demás cosas para que engorden desproporcionadamente. La carne y la grasa de estos animales industriales, a parte tener muchas sustancias potencialmente tóxicas, no tienen mucho valor nutritivo como la carne de animales que viven de manera más natural.

Por otro lado, es nuestra dependencia a los carbohidratos lo que nos mantiene más atados a la industria agro – alimenticia – farmacéutica – psiquiátrica. En primer lugar, el consumo de carbohidratos es una forma de combustible para el cuerpo muy poco eficiente que nos mantiene en constante búsqueda de más y más, todo el tiempo, porque se gasta rápido y, el cuerpo acostumbrado, al no saber que posee otras fuentes de energía, exige más y más para que podamos seguir andando. Lo que lleva a que compremos más y más todo el tiempo: granos (trigo, maíz, arroz, soja, etc), azúcar y todo tipo de ‘snacks’ basados en los mismos ingredientes. Casualmente, éstos son los alimentos que más se cultivan en el mundo y que más daño causan a nivel medioambiental, social y sanitario.

Citando un Enfoque Sott:

“Nora Gedgaudas, autora de Primal Body, Primal Mind, compara la quema de carbohidratos a la quema de cientos de hojas de papel. Este sistema hace que la chimenea (nuestro cuerpo) funcione razonablemente bien, pero no es lo más económico. La cetosis (quema de grasas), a su vez, es equivalente a quemar un tronco. Ambos hacen funcionar la chimenea, pero la segunda es más eficiente y económica a largo plazo. También es menos agotadora para el cuerpo: cuando quema grasa, el cuerpo ya no está en constante corte de energía y ya no es necesario realimentarlo cada dos horas. Se acaban las ansias de las 10h y el corte de energía de las 17h, síntomas de que el azúcar en la sangre cae y falta.”

La dieta paleolítica revisada

Además, los componentes adictivos del trigo, la leche y el azúcar ayudan a que seamos aún más dependientes de esta industria y la agricultura (actividad más que destructiva para el planeta Tierra y, para nosotros también, por ende). Desde Sott, muchas veces hemos publicado artículos referentes a los efectos nocivos que tuvo la agricultura para la humanidad y el planeta que habitamos.

En otro Enfoque Sott sobre el tema encontramos:

“Contrariamente a la creencia popular sostenida por muchos antropólogos de que la agricultura es uno de los logros más grandiosos de la humanidad, hay evidencia creciente que sugiere que la raza humana, en realidad, se estableció en el camino de la auto-destrucción cuando se abrazó a las sociedades agrarias.

La imagen que emerge hoy en día es que el cambio de la cacería y recolección ocurrió de manera repentina y fue seguido por una caída aguda en la expectativa de vida. Huesos antiguos de humanos encontrados en varias capas de los sitios arqueológicos, datados desde los inicios de la adopción de la agricultura, revelan la prevalencia incrementada de enfermedades y un número menor de personas ancianas. Durante siglos después de la adopción de la agricultura, estos huesos también nos cuentan historias de un número mayor de muertes violentas cuando son comparados con los restos de huesos de sociedades pre-agrarias de cazadores y recolectores.”

– Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido

Y, como dice Lyerre Keith, en su excelente libro “El mito vegetariano

La verdad es que la agricultura es lo más destructivo que los humanos han hecho al planeta, y más de lo mismo no va a salvarnos. […]

Y la agricultura no es realmente una guerra ya que los bosques y pantanos y praderas, la lluvia, el suelo, el aire, no pueden devolver el golpe. La agricultura es realmente más como una limpieza étnica, arrasando a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra. Es una limpieza biológica, un biocidio. … No es pacífico. No es sustentable. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte.

Ya no hay espacio para que el búfalo rumie. Solo hay maíz, trigo y soja. Prácticamente los únicos animales que escaparon a la limpieza biológica de los agriculturalistas son pequeños animales como ratones y conejos, y miles de millones de ellos mueren gracias a la maquinaria de cosecha año tras año. A menos que andes por allí con una guadaña, no olvides sumarlo al número de muertes de tu comida vegetariana. Ellos cuentan, y murieron por tu comida…

Suelo, especies, ríos. Esa es la muerte en tu comida. La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas, y los ingiere enteros.

– Lyerre Keith
El mito vegetariano

Otros artículos sobre el tema, los pueden leer aquí:

Sumándose a todo esto, vienen las enfermedades asociadas al consumo de carbohidratos, desde que éste aumenta con la adopción de la agricultura y el consumo de granos, una vez más. Y, a medida que vamos acercándonos a nuestros tiempos, todos los carbohidratos refinados y los componentes sintéticos, aditivos, que posee la comida hoy en día. Además, pesticidas de todo tipo utilizados en la agricultura que llegan a nuestros cuerposun cóctel de sustancias que te aseguran un gran gasto en salud, es decir, una inmensa ganancia para la Big Pharma. Y los efectos psicológicos asociados al gluten encontrado en los granos y otros alimentos, o los aditivos agregados a la comida industrializada, o los pesticidas que tienen la característica de ser disruptores endocrinos, son la clave para la continuidad de la psiquiatría (industria de la muerte).

Así, el hecho de quemar carbohidratos como principal fuente de energía, es, definitivamente, promovido por las grandes industrias (Agro-alimentaria, farmacéutica-psiquiátrica, etc) Esto se puede observar claramente con el nivel de programación mental que se ve en los comentarios que nos dejan muchos, y en todas partes, de que las grasas son malísimas y que hay que comer cereales, por ejemplo (gran legado de la pirámide de alimentos creada por la FAO – la organización de AGRICULTURA y alimentos de EE.UU. – que claramente no nos indica lo que es saludable para nosotros sino lo que es rentable para ellos, para las grandes industrias.

Evolución humana y grasas saturadas

Agregando otro aspecto sobre el tema, un comentario dice con razón:

“Si los abuelos no hubieran comido eso no estariamos aqui!!!”

Hubo una época en la que las enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, la obesidad y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer eran la excepción, no la norma. Somos seres humanos con funciones cognitivas superiores gracias a una dieta rica en grasas y proteínas animales. Desde que la humanidad ha adoptado una dieta rica en carbohidratos, aberrante para su fisiología, la salud no ha hecho más que empeorar. Nunca se ha visto tan mala calidad de vida y salud en la historia de la humanidad como la que se está viendo ahora. Ahora terminar una vida, si se le puede llamar vida, con enfermedades neurodegenerativas es considerado “normal”. No es difícil de imaginar la reacción de nuestros ancestros a esta chocante realidad: La enfermedad de Alzheimer aumentará en un 85 por ciento en las próximas dos décadas. Cada 7 segundos surge en el mundo un nuevo caso de demencia. Esto es totalmente inaceptable para una enfermedad que se puede prevenir con una dieta acorde a lo que nuestra fisiología, cuerpo y cerebro necesita: grasas animales.

Muchos académicos están de acuerdo en que las grasas saturadas y la carne cumplieron un rol fundamental en nuestra evolución. Desde el tamaño de nuestros intestinos y nuestros cerebros, así como las funciones metabólicas óptimas necesarias para alimentar energéticamente a nuestro cerebro, evidencian que la cetosis (metabolismo a base de grasas) es el estado fisiológico natural y óptimo para el ser humano.

En un artículo publicado en la versión en inglés de Sott, Barry Groves, PhD dice:

Cerca de la mitad de nuestro cerebro y sistema nervioso está compuesto por ácidos complejos de cadena larga, ácidos grasos. Estos también se utilizan en las paredes de nuestros vasos sanguíneos. Sin ellos no podemos desarrollarnos con normalidad. Estos ácidos grasos no se producen en las plantas, a pesar de que sí producen ácidos grasos de tipo más simple. Aquí es donde entran los herbívoros que comen plantas. Durante el año, los herbívoros convierten los ácidos grasos simples que se encuentran en las hierbas y semillas en [ácidos grasos] intermedios, más complejos. Al comer a los herbívoros podemos convertir sus reservas de estos ácidos grasos en los que necesitamos.

[…]

Una proporción creciente de carne en la dieta, obviamente, han proporcionado más proteína animal, tal vez un factor relacionado con el aumento en la estatura que parece haber acompañado a la transición de los Australopitecus a través del Homo habilis al Homo erectus.

Sin embargo, una mayor disponibilidad de la grasa animal fue probablemente una alteración dietética más importante. Herramientas de piedra bruta permitieron que los primeros seres humanos rompan los huesos permitiéndoles el acceso al cerebro y la médula grasas procedentes de una amplia gama de animales obtenidos mediante carroña o la caza. Estas y otras grasas de animales muertos fueron probablemente tan apreciados por los primeros homínidos como son por los humanos cazadores-recolectores modernos.

[…]

Nuestro cerebro es considerablemente más grande que la de cualquier simio. Mirando hacia atrás en los registros fósiles de los primeros homínidos hasta el hombre moderno, vemos un aumento notable en el tamaño del cerebro de 375-550 ml en los tiempos del Australopithecus, a 500 a 800 ml en el Homo habilis, 775-1,225 ml en el Homo erectus, y 1350 cc en los humanos modernos (Homo sapiens). Aunque todavía hay especulaciones acerca de por qué esto pudo haber ocurrido, este aumento en el tamaño del cerebro no podría haber sido apoyado fisiológicamente sin un aumento de la ingesta de ácidos grasos de cadena larga pre-formados que son un componente esencial en la formación del tejido cerebral. Eso nunca se habría producido si nuestros antepasados ​​no hubieran comido carne – con su grasa. La leche materna humana contiene los ácidos grasos necesarios para el desarrollo de un cerebro grande, la leche de vaca no. No es casualidad que, en términos relativos, nuestro cerebro es unas 50 veces mayor que el de una vaca.

Y algo muy llamativo acerca de la evolución y el tamaño de nuestro cerebro es que el mismo se está reduciendo en tamaño, nada más y nada menos que desde hace unos 10.000 – 5.000 años – coincidentemente, cuando la práctica de la agricultura se extiende a lo largo del planeta.

En el mismo artículo citado más arriba, se lee:

Nuestros cerebros están cada vez más pequeños

Con un pequeño intestino, con el que absorber todos los nutrientes y la energía que nuestro cuerpo necesita, una dieta moderna baja en calorías, baja en grasas, rica en fibra, basada en vegetales es lamentablemente inadecuada como fuente de energía para nuestro sistema ávido de energía para funcionar con la máxima eficiencia. Esta deficiencia ha comenzado a mostrarse.

Desde el advenimiento de la agricultura , ha habido una tendencia preocupante, ya que nuestros cerebros han disminuido en tamaño. Un riguroso análisis recientemente actualizado de los cambios en el tamaño del cerebro humano descubrió que el tamaño del cerebro de nuestros antepasados ​​llegó a su apogeo con los primeros humanos anatómicamente modernos de hace aproximadamente 90.000 años. Eso luego se mantuvo bastante constante durante otros 60.000 años. En los próximos 20.000 años se produjo una ligera disminución en el tamaño del cerebro de un 3%. Es desde el advenimiento de la agricultura hace unos 10.000 años, sin embargo, que la disminución se ha acelerado de manera significativa, por lo que ahora nuestros cerebros son un 8% más pequeños.

Esto sugiere algún tipo de deficiencia histórica reciente en algún aspecto de la nutrición humana en general. El cambio en la dieta más evidente y de mayor alcance en los últimos 10.000 años es, por supuesto, la enorme disminución en el consumo de alimentos altos en energía y grasas, de origen animal, que formaban probablemente más del 90 % de la dieta, a un mínimo de 10% en la actualidad, junto con un gran aumento en el consumo de granos con densidad energética menor. Este patrón persiste, incluso se aboga hoy: es la base de nuestra así llamada dieta “saludable” .

Para más información al respecto:

Con todo esto sobre la mesa y volviendo al planteamiento inicial sobre lo que las corporaciones multinacionales y las instituciones gubernamentales oficiales promueven como dieta “saludable”, es difícil no plantearse la siguiente pregunta ¿Están promoviendo todo eso para hacernos cada vez más tontos y por lo tanto condicionarnos más fácilmente? Si bien gran parte de todo este conglomerado de inter-beneficios entre distintas áreas de la industria se explica con los beneficios que obtienen (la industria alimentaria responde a los intereses de la agricultura y a su vez nos enferma dando beneficios a la industria médica), lo que aquí vemos parece incluir la ‘estupidización’ masiva de la humanidad, para que, combinando la propaganda y desinformación dada a través de los medios de comunicación, seamos cada vez más incapaces de pensar, analizar, reflexionar y por lo tanto cuestionar el status quo. Así también, se hace más difícil que como humanidad podamos usar nuestras funciones cognitivas para observar y comprender nuestra realidad y, crear formas de vivir humanamente haciendo uso de nuestra creatividad (característica principal del Homo sapiens que requiere un funcionamiento óptimo de nuestras facultades cognitivas).

Es por eso que pasar del consumo de carbohidratos como principal fuente de energía, al consumo de grasas saludables, pasando de la glucólisis a la cetosis, no solo nos trae numerosos beneficios en términos de salud y bienestar, sino también constituye una elección de dejar de depender y apoyar a estas grandes industrias colaborando con y creando modelos mucho más saludables, sostenibles y, que, en última instancia, son mejores para los seres humanos y el resto de los seres vivos con quienes compartimos el planeta.

cacería de Diana

© Peter Rubens
Peter Rubens (1577-1640), Diana regresando de la cacería

“Por lo tanto podemos ver que abastecernos de grasas de buena calidad, ganado alimentado con pasto o aves que no sean de corral sino ‘caseras y que caminen sueltas’, si bien es cada vez más difícil, es esencial si queremos escaparnos de la soga que la agricultura ha atado alrededor de nuestro cuellos.

Solamente podemos esperar que en los próximos años veamos más movimientos que se alejen de la industrialización y el aumento de intentos de crear comunidades basadas en valores humanos verdaderos; comunidades que no solo curarán a los humanos involucionados, sino también intentarán sanar nuestro medio ambiente.

La única pregunta que permanece es si tenemos suficiente tiempo para intentarlo y recrear el paraíso que una vez se perdió.”

– Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido

Visto en: Sott.net